La reciente aparición de un brote de sarna entre
militares destinados en Ceuta ha vuelto a poner esta enfermedad en los
titulares. La sarna, también llamada escabiosis, se asocia con frecuencia a
suciedad, pobreza o falta de higiene. Sin embargo, cualquiera puede
padecerla.
Si te pica la piel desde hace semanas, el pico es
nocturno, y no te pica la cabeza, podrías tener sarna. Estas son cinco
cosas importantes que conviene saber sobre la sarna.
1. La sarna es un parásito que vive en nuestra
piel
La causa un diminuto ácaro llamado Sarcoptes
scabiei.
La hembra penetra en la capa más superficial de la piel formando pequeños
túneles, los conocidos surcos acarinos, donde deposita sus huevos.
Curiosamente, una persona con sarna convencional
suele albergar únicamente unos 10-15 ácaros. Sin embargo, la reacción inmunológica que
provocan puede producir un picor extraordinariamente intenso.
Existe una excepción importante: la llamada sarna
costrosa o noruega,
que aparece especialmente en determinadas personas inmunodeprimidas y en la que
puede haber miles o incluso millones de ácaros. Es muchísimo más contagiosa.
2. Tener sarna no significa tener mala higiene
Puede afectar a cualquier persona,
independientemente de su nivel socioeconómico o de sus hábitos de higiene. Lo
que facilita su propagación no es tanto la falta de limpieza como el contacto
físico estrecho y prolongado entre personas.
Por eso aparecen brotes en familias, residencias,
hospitales, colegios, cuarteles o cualquier otro lugar donde muchas personas
conviven estrechamente.
La Organización Mundial de la Salud calcula que,
en un momento determinado, alrededor de 200 millones de personas en el mundo padecen
sarna.
3. El síntoma que debe hacernos sospechar es un
picor intenso, sobre todo nocturno, que nunca afecta a la cabeza.
La presentación clásica es bastante
característica: un
picor muy intenso que empeora por la noche.
Las lesiones suelen localizarse entre los dedos,
en las muñecas, axilas, alrededor del ombligo y la cintura, glúteos y
genitales. En ocasiones podemos identificar los característicos surcos que
produce el ácaro al desplazarse por la capa superficial de la piel.
Pero hay un dato especialmente interesante:
cuando una persona se contagia por primera vez, pueden pasar entre
cuatro y seis semanas hasta que aparecen los síntomas. Durante parte de ese periodo puede transmitir
la enfermedad sin saber que la tiene.
Por eso, ante varios miembros de una familia con
picor nocturno, especialmente si ha comenzado en uno y posteriormente aparece
en otros, hay que pensar en sarna.
4. No suele contagiarse por un contacto fugaz
Dar la mano, coincidir en un ascensor o sentarse
al lado de una persona con sarna no significa que vayamos a contagiarnos.
La transmisión habitual requiere contacto
directo piel con piel suficientemente estrecho y prolongado, como ocurre entre convivientes o parejas. La
transmisión mediante ropa, toallas o sábanas es posible, pero es mucho menos
importante.
Además, fuera del cuerpo humano el ácaro
generalmente sobrevive solo dos o tres días.
Por eso tampoco tiene sentido convertir una
vivienda en un quirófano ni desinfectarlo absolutamente todo. Hay que tratar
correctamente al paciente y a sus contactos y manejar adecuadamente las prendas
de vestir y la ropa de cama utilizadas recientemente.
5. El gran secreto para curar la sarna es tratar
a todos a la vez
Disponemos de tratamientos muy eficaces. Uno de
los más utilizados es la permetrina tópica al 5 %. Otra alternativa en determinados pacientes es
la ivermectina
oral.
La elección depende de las características de cada caso y debe realizarla el
médico. Es cierto que en los últimos años estamos viendo cada vez más casos de
resistencia a los tratamientos.
Pero existe una causa muy frecuente de supuesto
“fracaso” del tratamiento: tratar solamente a la persona que tiene síntomas.
Los convivientes y contactos estrechos pueden
estar infestados aunque todavía no tengan picor. Por ello, una de las claves
para romper la cadena de transmisión es que los contactos indicados sean
tratados simultáneamente. Además, muchos tratamientos necesitan repetirse
posteriormente porque no eliminan eficazmente todos los huevos.
Y hay otro detalle que genera mucha
confusión: seguir
teniendo picor después del tratamiento no significa necesariamente que siga
habiendo sarna.
El prurito puede persistir e incluso intensificarse durante una o dos semanas
después de haber eliminado los ácaros.
En conclusión
El episodio de los militares de Ceuta puede
servir al menos para recordar algo que vemos con frecuencia en las consultas de
dermatología: la
sarna existe, está aumentando y no debería avergonzar a nadie.
No distingue entre clases sociales, profesiones
ni niveles de higiene. Es una infestación parasitaria frecuente, muy contagiosa
en determinadas circunstancias y, afortunadamente, curable.
El verdadero problema aparece cuando no pensamos
en ella. Porque mientras buscamos alergias, dermatitis o intolerancias que
expliquen un picor persistente, el pequeño Sarcoptes puede seguir pasando tranquilamente de una
persona a otra.
Artículo publicado en El Confidencial https://www.elconfidencial.com/salud/2026-08-19/cinco-claves-que-debes-conocer-sobre-la-sarna_4408288
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