10 REGLAS PARA MEJORAR TU LONGEVIDAD CUTÁNEA
Estoy terminando de escribir un libro sobre longevidad y piel. Todos los libros y artículos que estoy leyendo unido a mis más de 30 años de experiencia como dermatólogo viendo a pacientes pelearse con su piel y con su envejecimiento hace que esté aprendiendo mucho sobre este campo tan interesante.
La longevidad está de moda. Esta tendencia no es solo comercial: también puede volverse psicológicamente absorbente. Ha aparecido incluso un término clínico para describirlo, el “síndrome de fijación por la longevidad”: una obsesión por vivir más que lleva a algunas personas a sacrificar aspectos esenciales de la vida. Como ocurre con algunos trastornos de la conducta alimentaria, el objetivo aparente es “salud”, pero el resultado puede ser enfermedad: la vida reducida a control.
Además de vivir más queremos vivir con buen aspecto. La presión es elevada. En el artículo de hoy voy a intentar demostrar qué es lo que realmente podemos hacer para morir con buen aspecto lo más tarde posible.
Hoy el envejecimiento de la piel y del resto de los órganos se entiende como un proceso modificable: con prevención coherente y tratamientos con evidencia científica podemos mejorar su aspecto y su función, sin caer en promesas de difícil cumplimiento. Si quieres información reciente sobre el tema puedes acceder a este artículo publicado por dermatólogos de la Clínica Mayo.
A continuación, como adelanto de mi próximo libro, quería sugerir 10 reglas para mejorar la longevidad de tu piel de una forma sencilla, considerando la piel como un órgano, no como un producto, y tratando el envejecimiento como un proceso natural, no como una enfermedad que hay que tratar y medicalizar:
- Rutina cosmética sencilla: menos productos y mejor elegidos. Lo básico bien hecho (limpieza, hidratación y fotoprotección) vale más que 10 cosméticos. Revisa con tu dermatólogo lo que te aplicas y conserva solo lo necesario. Regenera tu piel. Puedes hacerlo con cremas con retinoides (acido retinoico, retinol, etc), peelings o láseres regenerativos. Son el entrenamiento de fuerza de tu piel.
- Cuantos menos tóxicos mejor funcionará tu piel. El tabaco, alcohol, drogas, microplasticos, polución, etc hacen que tu piel funcione peor. Por ejemplo, muchos cirujanos plásticos se niegan a operar a un paciente que fuma: la cicatrización es mucho peor. Y bebe mucho líquido, especialmente agua, café o té.
- Da bien de comer a tu piel. Disminuye el azúcar y los ultraprocesados ya que aumentan la inflamación de la piel y la envejecen de forma silenciosa. No comas nada que tu abuela no reconozca como alimento. Introduce alimentos fermentados (yogur, kéfir, etc) y más fibra en tu dieta. Los productos fermentados y la fibra cuidarán de tu microbiota mucho mejor que cualquier probiótico que te compres. Y no te obsesiones con las proteínas. A veces las dosis que recomiendan en las redes son excesivas. Y recuerda que las proteínas de alta calidad, es decir, la que contienen los aminoácidos esenciales que no puede fabricar el cuerpo, son las de huevo, carne, pescado, mariscos y lácteos.
- Influye el qué, pero también el cómo. No comas ni bebas solo. Socializa. Relaciónate. Comer con tu familia es el mejor alimento para todos. Aprender a cocinar también es un buen consejo para saber comer mejor.
- Músculo y piel envejecen juntos. Si quieres mejorar la firmeza de tu piel entrena fuerza. Si quieres mejorar elasticidad y flacidez haz entrenamiento aeróbico. Lo puedes leer en este artículo de Nature. No te olvides hacer ejercicios de equilibrio. No te tienes que convertir en un atleta ni tienes que ir todos los días al gimnasio. Se trata de moverse en tu día a día. Entrena con gente: el ejercicio compartido multiplica sus beneficios El ejercicio no solo suma “años”. También suma función: mantener durante más tiempo tu capacidad de hacer lo que te da la gana. Por último: no te excedas ni te obsesiones: el ejercicio en exceso también es negativo para la salud.
- Menos suplementos y más hábitos saludables. Toma solo los suplementos que te recomiende tu médico. La mayor parte de los suplementos y fármacos antiedad tienen estudios en ratas, no en humanos. Y tú no eres una rata. Por cierto, no es lo mismo consumir antioxidantes de forma normal dentro de una dieta variada que tomarlos en forma de suplementos. En diferentes investigaciones se ha observado que un exceso de antioxidantes no solo no ayuda a frenar el cáncer, sino que puede favorecer su progresión. Los antioxidantes: en el plato.
- ¡Socializa! Sentirse solo aumenta el riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares, infecciones e incluso de muerte prematura. La calidad de tus relaciones predice tu salud y tu bienestar mejor que otras acciones antienvejecimiento. No solo cuentan la pareja, la familia o los amigos íntimos. También suman los contactos breves del día a día. Estas microinteracciones no sustituyen a los vínculos profundos. Funcionan como “vitaminas” diarias; la “proteína” siguen siendo las amistades, la pareja, la familia y la comunidad. Lo demuestra el conocido “Harvard Study” sobre la felicidad.
- Planifica tus horas de sueño. La piel se repara de noche. Dormir poco o mucho no solo se nota en ojeras y bolsas: disminuye las funciones de reparación y resiliencia de la piel. Dormir de 7 a 9 horas es lo ideal. Además, dormir mucho o poco, o dormir mal acorta la esperanza de vida.
- Mantén el peso adecuado. El sobrepeso empeora muchas enfermedades de la piel, desde el acné, la psoriasis hasta la hidradenitis. El ayuno intermitente puede ayudar a conseguirlo ya que ayuda a reducir la cantidad de caloría totales que ingieres. Los nuevos medicamentos antiobesidad son una opción interesante, teniendo en cuenta que cuando los suspendas, si no cambias los hábitos, recuperarás tu peso.
- Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Introducir estos cambios en tus rutinas mejorará tu salud y tu calidad de vida, pero no te agobies. De vez en cuando date un homenaje con los tuyos. Se trata de acumular con los años un estilo de vida razonable. Y no olvides por qué quieres vivir más: para vivir mejor, y para vivirlo con otros.
Una longevidad saludable debería ser un resultado razonable de vivir con sentido: dormir mejor, moverse más, comer con criterio, prevenir lo prevenible, tratar lo tratable y, sobre todo, cuidar lo que de verdad ha demostrado que alarga la vida: la pertenencia, los vínculos y la capacidad de disfrutar. Envejecemos como vivimos. Y una bella ancianidad es la recompensa de una bella vida.


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