EL SECRETO DE LAS MUJERES FRANCESAS

Hoy voy a escribir un post no muy científico, incluso un poco frívolo, pero que me parece divertido. Hace poco leí en el New York Times un artículo sobre la admiración que sentían las mujeres americanas hacia las mujeres francesas. Las mujeres americanas valoraban sobre todo la elegancia que tienen las mujeres francesas en su manera de envejecer.

¿Cuáles son las claves de esta elegancia francesa? Según el artículo estas son las claves de su secreto:

1. Lo más importante es mantenerse delgada. Para una francesa engordar es lo peor. Las francesas intentan no comer comida procesada, tomar mucha fruta y verdura y siempre servirse porciones pequeñas.

2. Desde niñas usan protector solar. Culturalmente estar muy moreno no está bien visto. Y las pieles lo agradecen. Como sabéis siempre repetimos que el mejor cosmético es una buena crema de protección solar.

3. Las mujeres francesas gastan en cosméticos 2,2 billones de euros al año, más que todas las mujeres españolas, inglesas y alemanas juntas. Un dato interesante.

4. Las francesas adoran a su dermatólogo. Las mujeres francesas defienden según este artículo: ¿Por qué fiarse de esteticistas o comerciales cuando los dermatólogos te van a aconsejar productos o técnicas más eficaces?” Un interesante punto de vista. Hace poco leía en unas estadísticas que las mujeres españolas invierten más dinero en esteticistas que en dermatólogos.

5. Si optan por técnicas de rejuvenecimiento, el objetivo final es parecerse a ellas mismas, no alguien 20 años más joven. Al final lo interesante es conseguir resultados sutiles. Menos es más. No podemos estar más de acuerdo.

6. Aunque vayan vestidas informales, nunca pretenden parecerse a sus hijas. Ah, y los accesorios cuentan mucho. Recuerdo una frase de Gilles Lipovetsky, filósofo francés, que decía que “antes las hijas querían parecerse a sus madres y hoy las madres quieren parecerse a sus hijas”.

Este artículo que no deja de ser ligeramente frívolo y sin mucha ciencia detrás. Pero el mensaje me gusta. Hay que arreglarse para gustar a los demás, pero sobre todo para gustarse a sí mismo. Y tener siempre presente que “un rostro sin arrugas es como un pliego de papel en el que no hay nada escrito”.


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