¿LA ROSACEA TIENE CURA?




Probablemente ya sepas muchas cosas acerca de la rosácea. Es una de las enfermedades dermatológicas que más atendemos en la consulta y, además, recientemente algunas celebrities han “confesado” padecerla. Afecta sobre todo a mujeres a partir de los 30-35 años.

Además, es posible que también hayas escuchado que “no tiene cura”. Si bien esta afirmación es cierta (no hay ninguna pastilla, crema o láser capaz de eliminar la rosácea para siempre), habría que matizar y añadir que “no tiene cura, pero podemos hacer muchas cosas para mejorarla y tenerla controlada”.

Lo principal para que un tratamiento funcione, es tener un diagnóstico correcto. Cuando los signos y síntomas son evidentes, no hace falta realizar ninguna prueba complementaria para diagnosticar la rosácea, pero hay ocasiones en que hay datos que nos confunden, o signos que no nos cuadran del todo, y puede ser necesaria la realización de una biopsia cutánea para examinar esa piel al microscopio y ver si, efectivamente, se trata de una rosácea o de otra enfermedad. Aunque sin duda es lo más frecuente, hay enfermedades más graves que pueden tener síntomas y lesiones similares a los de la rosácea, como el lupus y la sarcoidosis, por ejemplo.

Una vez confirmado el diagnóstico de rosácea, nos gusta dar 3 consejos importantes a los pacientes que la sufren:
  • Evitar los factores desencadenantes. Algunos pacientes refieren brotes de rosácea cuando toman alcohol, con el frío, viento, comidas picantes, estrés, algunos cosméticos y maquillajes, el deporte, etc  
  • Evitar la exposición solar sin protección en la cara
  • Usar una cosmética adecuada para tu tipo de rosácea que tu dermatólogo debe recomendarte.

En relación con los tratamientos disponibles, se pueden dividir en tópicos (cremas), orales y fuentes de luz:

  • Tópicos: para formas leves a veces empleados como terapia de mantenimiento, generalmente se ha utilizado el Metronidazol en gel. Desde hace unos años disponemos de la Ivermectina tópica, un compuesto derivado de la avermectina, que es producida por la bacteria Streptomyces avermitilis. Este descubrimiento les valió a William C. Campbell y Satoshi Ōmura para ganar el Nobel de Medicina en el año 2015
  • Orales: antibióticos con efecto antiinflamatorio, como la doxiciclina o la azitromicina. Generalmente se usan en brotes, durante 1-3 meses según la intensidad de este. Para casos resistentes o en los que se sospecha que hay una gran cantidad de Demodex, se puede emplear la ivermectina oral , necesitándose tan solo 1 ó 2 dosis. También se emplea la isotretinoína (Roacután) a dosis bajas con muy buenos resultados.
  •  Fuentes de luz: para la cuperosis (“rojez”) que aparece en mejillas, frente y mentón podemos utilizar luz pulsada (IPL) o láser vascular. Suelen hacer falta 2-3 sesiones al inicio, separadas por 4-6 semanas, y posteriormente 1 sesión al año de mantenimiento. Desde hace poco, se está empezando a utilizar la terapia con luz LED roja, por sus efectos antiinflamatorios. Se puede combinar con el tratamiento médico para potenciar sus efectos. Son necesarias varias sesiones (8-12), una a la semana. No es un procedimiento doloroso y es una alternativa para pacientes que no puedan o no quieran tomar tratamiento oral y presenten mucha irritación con los tópicos.

En función de la edad, sexo, toma de otras medicaciones, y del tipo de rosácea, los dermatólogos elegimos unas u otras opciones, aunque la mayoría de las veces para conseguir un resultado óptimo, la clave está en la combinación de tratamientos, ya sea simultánea o de manera secuencial.

Por lo tanto, como mensajes claves, me gustaría destacar que no todas las rojeces faciales son rosáceas y que, aunque no tengamos una cura definitiva, no hay que resignarse a vivir con rosácea, ya que hay muchas alternativas de tratamiento eficaces y seguras.

El Dr. Jose Luis Ramirez, con el que he escrito este post, es un dermatólogo con gran experiencia en esta enfermedad y la trata tanto con cremas, pastillas como con distintas fuentes de luz.



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