IDEAL DE BELLEZA A LO LARGO DE LA HISTORIA

La semana pasada una paciente me trajo a la consulta fotos de famosos que representaban su ideal de belleza para que me hiciera a la idea de los resultados que quería obtener con nuestros tratamientos

El ideal de belleza cambia a lo largo de la historia. En la prehistoria el ideal de belleza se basaba en generosos atributos: anchas caderas para facilitar el parto y grandes pechos para amamantar a las crías, tal y como se ve en las numerosas Venus encontradas en los yacimientos arqueológicos. Con los griegos, especialmente con Pitágoras, se empezó a relacionar la belleza con las matemáticas. Ya decía Platón que en su Academia no podría entrar “nadie que no supiera geometría”. 

Aquí es donde aparece el número PHI, es que el número sobre el que se basa la proporción áurea. Parece que este número (1,618…) se haya presente en todo lo armónico, tanto en la naturaleza como en las distintas obras de arte creadas por el hombre. Por ejemplo, el Iphone y el IPAD están basados en esa proporción aurea. Ya decía Santo Tomás de Aquino que “Los sentidos se deleitan con las cosas que tienen las proporciones correctas”

A partir del renacimiento el ideal de belleza se basaba en la mujer de grandes curvas, “rolliza”. En las Tres Gracias de Rubens se puede apreciar este ideal. Por cierto, una de ellas era su mujer, que era considerada la mujer más hermosa de Flandes. En el siglo XX el ideal de belleza cambió. Una de las causantes de estos cambios en el canon de belleza fue Coco Chanel que puso de moda el estar bronceado y el ser delgado

Incluso en el cine se puede observar cambios en el gusto estético en función del tiempo en que vivimos. En épocas de crisis los rasgos “duros” se ponen de moda, como es el caso de Marlene Dietrich, y en tiempos de bonanza económica son más interesantes las caras más femeninas como Audrey Hepburn. 

El famoso arquitecto Le Corbusier diseñó el Modulor, defendiendo que “el hombre debe ser la medida de todas las cosas”. Definió la arquitectura como “el juego maestro, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz”. Sería una definición perfecta de la Dermatología Estética. 

A partir de los años 80 se desarrollaron las técnicas de cirugía estética. La sociedad actual no permite que envejezcamos rápidamente y se presiona, sobre todo a la mujer, a mantenerse eternamente joven. Probablemente muchas personas estarían mejor si no se hubieran operado o no se hubieran realizado determinadas técnicas estéticas

Muchas veces el problema está en las expectativas. Hace años una persona se comparaba físicamente con las personas de su entorno: sus familiares, amigos, la gente de su pueblo o ciudad, etc. Hoy, con los medios de comunicación masivos, nos comparamos físicamente no con nuestro entorno sino con las “celebrities” que aparecen en la televisión, redes sociales, revistas o distintas publicidades. Nuestras expectativas son mucho más altas y por tanto las posibilidades de decepción son más probables. 

Al final los médicos tenemos la obligación moral de imponer el sentido común en esta tiranía de la imagen. Hay muchas formas de ser bello y cada paciente envejece a su manera. Nuestra misión como dermatólogo no es alcanzar el ideal de belleza sino hacer sentir bien al paciente dentro de su propia piel. 




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